LA VIDA DESDE UN BALCÓN

Que a ver si la vida va ir de levantarse sin alarma, preparar café descalza y zamparse en pijama y sin prisa, una tostada de aguacate y salmón. De no lavarse los dientes con cuenta atrás, cronometrando los segundos exactos para coger la chaqueta, echarse colonia y meter la quinta para no perder el tren. Que a ver si la vida va de asomarse al balcón y echarle el guante, uno a uno, a cada rayo de sol. Y recrearse unos minutos en silencio, con ese olor indecible a pan tostado y a café recién hecho, todavía humeante en la mano. Que a ver si igual que menos es más, también va a resultar que más es menos. Y nos damos cuenta de que acumular de poco sirve. Que el truco está en vivir ligero. Que lo de querer ser rico era una trampa. Que la abundancia está en lo sencillo, y no en lo material.

Que a ver si el tesoro estaba escondido en casa, y no en las profundidades del mar. Que a ver si el tesoro era el propio balcón, escenario improvisado desde donde dialogar con el mundo. Algunos con bolígrafo y papel, otros con aplausos, a voces o con un piano. Que a ver si lo de perderse no era tan mala idea. Perderse en los libros, en los álbums infinitos de selfies y recuerdos, en una copa de vino, en aquella canción. O en esos ojos que te miran cada mañana como si no hubieran visto antes otros. Que a ver si sonreímos más. Para la vida en general, digo, no solo para las fotos. Que a ver si no estamos en el sitio equivocado, solo en el lugar correcto, pero mirando de forma equivocada. Anda y ponte las gafas “del serca” y vuelve a mirar por si acaso. Que a ver si no hace falta tropezar siempre con la misma piedra y perder lo que tenemos para darnos cuenta de cuánta falta o bien nos hace. Que a ver si eso último lo aplicamos también al planeta. Y dejamos de vivir en la Tierra como si tuviéramos otras dos de repuesto. Que a ver si hay que empezar a confiar en los nuevos comienzos. Que si algo tiene la Primavera es la vuelta a la VIDA, en toda su plenitud. Que nunca es tarde para florecer, ni para reinventarse. Que a ver si lo montamos ya. (El chiringuito en la playa, digo). Que lo de cuestionarse uno la existencia cada mañana en hora punta en el metro o en plena caravana con lo de “un día lo dejo todo y monto un chiringo en la playa” a lo mejor es para pensárselo. ¡No hay “güevos” a que lo montamos! O puestos a ser valientes, no hay huevos a mover ficha. A hacer por fin algo en tu vida, para no querer montarlo. Que a ver si el secreto está en paladear todas esas cosas diminutas que nos causan emociones mastodónticas. Como en mi caso, la de escribir. Que a ver si, como dijo una vez Alejandra G. Remón, escribir es salvarse. Aunque cuando se escriba, solo se esté reflejando una octava parte de lo que se piensa. Que a ver si Mario de Andrade tenía razón con su poema, y tenemos dos vidas, y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una.


© 2020 CUENTOS VIAJEROS