365 DÍAS Y UN SUEÑO CUMPLIDO

A la primera foto la separan de la segunda 365 días y un sueño cumplido.





Y es que si esto fuera un juego de esos de “Adivina las 7 diferencias”... Aparte de la vestimenta propiamente, son muchos más los elementos que vinculan ambas imágenes que los que los separan. Sitges, noche de San Juan, atardecer, fondo playil, misma pose y jeto de tórtolos empederníos… Hasta la tomadora de las dos fotos en cuestión es la misma persona. (Gracias a Laura, por cierto, por inmortalizar los dos últimos Sanjuanes y todos los que quedan por venir… ¡Esto ya es un ritual que no podemos romper!).


Sin embargo, a pesar de todas esas semejanzas a simple vista, hay una diferencia primordial que escapa de los ojos de los que miran pura y llanamente las dos imágenes sin leer este texto.


Hoy he retrocedido 365 días en mi teléfono hasta dar con la segunda foto y eso me ha hecho pensar en la teoría de los puntos de Steve Jobs.


Decía Jobs:

“No puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes hacerlo mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna forma en el futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea... Porque creer que los puntos se conectarán luego en el camino te dará la confianza para seguir a tu corazón, incluso cuando te conduzca fuera del camino trillado, y eso, sin duda, marcará la diferencia”.

Hoy escribo esta líneas desde la playa, a pocos metros de mi nuevo hogar. Un año atrás, en estas mismas aguas y con el futuro más revuelto que los huevos con jamón que me zampé aquella mañana en el hotel pa’ desayunar, también escribía desde el móvil. Al día siguiente tenía que presentar mis primeros deberes de coaching y me devanaba la sesera intentando contestar todas aquellas preguntas.


  • ¿Qué resultados específicos deseas conseguir?

  • ¿Cómo sabrás que has conseguido tu objetivo?

  • ¿Cómo te visualizas de aquí a un año?


No sé exactamente si fue en el destino, en el karma o en la VIDA misma… pero me limité a hacer una sola cosa: confiar. Seguir menos a esta cabecita y empezar a apostar más por ese sabio y rechoncho que palpita como una patata frita. Y aquí estoy hoy… viviendo en mi pueblo favorito, cumpliendo deseos de infancia, tachando sueños de la lista. Supongo que por algo llaman a San Juan la noche más mágica del año.