SEVILLA TIENE UN COLÓ ESPESIÁ

Sevilla tiene un coló espesiáááá… Miércoles 13 de mayo. El reloj de la Giralda marca casi las siete y tú y yo, reposamos las patejas en un banco, en una de esas plazas con encanto flanqueada por naranjos, sintiendo en la cara la brisa del final de la tarde con sonidos flamencos de fondo y ese olor a azahar que invade de dulce y fresco perfume cada primavera las calles del centro. Menuda caminata la nuestra. No hemos dejado callejuela por explorar ni fotografiar. Sevilla se funde en entramados laberínticos de gustosos rincones y estrechas calles desordenadas que discurren de soportal en soportal. Puro deleite para los ojos, sobre todo para los míos, que no han dejado de hacer chiribitas apretando el botón de la cámara. El sol derrama sus últimas gotas de luz, y tú y yo, nos miramos con la misma proposición indecente en mente. Va siendo hora de echar la tapilla... Buscamos una buena terraza con vistas en el corazón de la capital hispalense desde donde contemplar de nuevo la Giralda, esta vez con copa de vino en mano. ¿Echamos otra? Venga, pero una más y nos vamos. Para el buen tapeo hay que dejarse de "rooftops" chachipiruleta y andar a la caza de uno de esos sitios con solera y buena materia primera, un clásico, uno de esos catalogados como “los de siempre”. Con su buena vitrina de madera, zócalos mudéjares, cero gusto por el interiorismo, anti-servilletas de esas que no absorben ná de ná y platillos blancos con sabor a antaño. Nos ponemos ciegos de salmorejo, rabo de toro, pringaíta casera y pescaíto frito. Y luego echamos a andar. ¿Hasta dónde? me preguntas tú. Hasta donde el río nos lleve.


Nos paramos frente al puente de Triana, ese "pozo que el tiempo se ha encargado de llenar de historias". Cae la noche y el Guadalquivir, que parece anclado en una postal costumbrista, se convierte en un espejo donde, presumida y misteriosa, posa Sevilla flamenca, elegante y hermosa. Y es que ya lo decían Los Del Río, que Sevilla tiene un coló espesiáááá… Aunque para color especial, el blanco nuclear de la pared de nuestra casa en Barcelona, puro chicle para los ojos. Y dos vuelos cancelados más. Ay Sevilla, Sevilla… Otra vez será.



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