ÉRASE UNA VEZ... LA CUENTISTA

“Hay algo en alejarse, en viajar a otro lugar, que nos transforma en ese niño al que todo le sorprende y que todo lo pregunta, como si de golpe quisiéramos entender el mundo entero en una mañana. Porque hay algo que los niños siempre parecieron intuir, pero que los adultos tendemos a olvidar: que detrás de todas las cosas hay un porqué esperando ser descubierto.” (Kiko Llaneras, Por qué viajamos: una explicación parcial).

 

¡Hola! Soy Alba, la cuentista en cuestión. Escritora por pasatiempo y viajera por pasión, me paso la vida buscando la forma de despertar esa capacidad para la sorpresa que tenemos los seres humanos y que a menudo, con la rutina, dejamos abandonada cogiendo polvo en un cajón.

 

Desde hace ya unos cuantos años llenar una mochila y cruzar la frontera en busca de aventuras me ha parecido la cosa más emocionante del mundo mundial. "Hay que ver esta zagala, to' el día con el culo montao en burra" dice mi abuela. Y lo cierto es que a la mujer razón no le falta. Porque en burra propiamente no, pero vamos que anda que me falta a mí tiempo para coger un avión, una piragua, un autobús tercermundista o un camello durante horas para recorrerme medio desierto si hace falta, aunque salga de allí deslomá.

 

Y es que cuando uno está fuera de casa viajando y conociendo lugares nuevos, de pronto la vida se vuelve mucho más interesante. Observa uno todo con más detenimiento, fascinándose en cada esquina, atreviéndose a hablar con extraños, aceptando propuestas alocadas y llevando a cabo planes improvisados. De repente los miedos y los prejuicios se desvanecen, las horas parecen minutos, los sabores se vuelven más intensos, los colores más brillantes, los aromas más puros… y sin darte cuenta, hay una pequeña parte de ti que al volver a casa ha cambiado. Hay una pequeña parte de ti que dejaste en aquella isla, al subir a aquella montaña o en aquella mesa cochambrosa donde te sirvieron el mejor té del mundo. Hay una pequeña parte de ti que reemplazaste por alguna otra pequeña parte de allí que te trajiste contigo sin saberlo. ¿No es el mejor trueque de la historia? Es curioso como después de cada viaje, lo temido se vuelve familiar y lo familiar temido.

 

Llámalo gafe o llámalo karma aventurero, pero soy de esas personas que por alguna razón divina es incapaz de hacer un viaje común. Y entiéndase por “común”, corriente. Ordinario. Tópico. Trivial. Convencional. De andar por casa. A ver cómo te lo explico... Digamos que las precipitaciones en el Sáhara son algo esporádico, prácticamente inexistente. Bueno pues yo pertenezco a ese selecto grupo de mentes brillantes que a parte de ocurrírsele viajar al desierto en pleno agosto a 50 grados centígrados, decide pasar una maravillosa noche en jaima bajo las estrellas y le cae el chaparrón del año. Soy también de ese club de crédulas optimistas que no imaginan que existan pueblos con el mismo nombre en distintas provincias de Galicia y a punto están de no llegar a la boda de su mejor amiga por pasarse las horas al volante dándole a la sin-hueso confiando ciegamente en esa especie de dios sabelotodo llamado GPS. O de las que se levanta a las 2h de la mañana para escalar durante horas un volcán a oscuras con una linternita en Bali con el objetivo de presenciar el mejor amanecer de todos los tiempos y justo ese día hay nieblazo que impide ver la salida del sol. Soy de esa gente precavida que controla a golpe de monóculo qué alimentos en dudosas condiciones sanitarias comer en los puestecillos callejeros de Tailandia con el fin de evitar una catástrofe escatológica a posteriori, hasta que una inoportuna bacteria intestinal decide hacerse su mejor amiga el día antes de coger un tren nocturno de 14h de Bangkok al norte del país. De las que casi tiene que pasar un fin de año improvisado “a la turca” dentro de un avión porque a pocas horas de comerse las uvas, las alas del reactor se congelan por la nieve y el vuelo de Estambul con destino Barcelona se cancela. De las que decide pasar los últimos días de tute en en el sudeste asiático recobrando fuerzas en una isla paradisiaca a base del binomio mojito + hamaca y tiene que salir por patas debido a las inundaciones de un terrible monzón en temporada baja de monzones. O de las que se pasa un año en Australia esperando al surfero buenorro de turno para convertirse en la próxima Pataki y resulta que el hombre de su vida aparece un día y medio antes de abandonar el país... ¡Y encima no es ni australiano!

 

¿Cómo no compartir todo esto con el mundo? Para sufrir en silencio ya están las almorranas. Al final lo importante es echarle un poco de humor a la vida y saber disfrutar de los imprevistos de la no - rutina, porque cuando falla el plan A, siempre hay un plan B a la vuelta de la esquina que acaba superando con creces a su predecesor.

 

Supongo que toda esa larga lista de inputs con los que uno se encuentra viajando, añadida a la deformación profesional de ser periodista de vocación y haber sido siempre más de observar y escuchar que de hablar, me ha llevado a lo largo de los años a cosechar un buen manojo de libretas, postales, servilletas, entradas de monumentos o billetes de tren garabateados con mapas, dibujos, palabras en otros idiomas, sensaciones, nombres de lugares, de personas... puñados de vida en porciones a los que llevo mucho tiempo queriendo dar voz.

 

Así que, querido lector, Cuentos Viajeros no nace para darte consejos, ni recomendaciones de viaje, ni proponerte nuevas rutas low cost. Al menos no por ahora... Cuentos Viajeros llega al mundo como un espacio de miradas, sabores, olores, carcajadas, conversaciones, canciones, enamoramientos fugaces, pensamientos, reflexiones sin sentido, preguntas con menos sentido todavía, anécdotas e historias fascinantes e hilarantes de momentos y personas que una vez se cruzaron en mi camino a miles de kilómetros y no quisiera olvidar. Cuentos Viajeros nace como mi mayor hobbie y no es otra cosa que un cajón de recuerdos imborrables en forma de relatos, fotografías o videos, cocinados a fuego lento en distintos puntos del planeta que me gustaría compartir contigo. ¿Te apuntas al viaje?

 

Y es que no sé si ya te lo he dicho, pero hay algo mágico en viajar que convierte lo normal en extraordinario...

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