ÉRASE UNA VEZ... EL GUÍA MOCHILÍN

¡Hola! Soy David (o Mochi), la nueva incorporación a Cuentos Viajeros. 

Dicen que todos tenemos un verano que lo cambia todo. El mío, sin duda, fue el verano de 2018, cuando conocí a Alba, mi nueva compañera de viaje, de aventuras, de risas… de vida. Apenas habríamos cenado cuatro veces cuando me regaló uno de sus libros favoritos, “Viajar ligero”, que me acompañó en mi último viaje mochilero por Filipinas. Leyendo aquellas páginas que me recordaban tanto a lo poco que conocía de ella y a lo mucho que reconocía en mí, me dije “Cuate, aquí hay tomate”.

Poco después, me propuso formar parte de su blog y emprender este proyecto juntos. Y ya sabéis lo que dicen… hay trenes que solo pasan una vez. Y a mí, que a aventurero no me gana nadie, me tiré de cabeza.

Pero este nuevo fichaje en Cuentos Viajeros no ha sido especialmente por mis dotes literarias, pues nunca se me dio muy bien lo de escribir… (me ha costado medio año escribir esta descripción, no digo más.) Este fichaje se debe sobre todo, a una larga lista de coincidencias con la dueña de este blog, que surge principalmente de nuestra pasión por viajar y conocer mundo. 

La mitad de mis amigos me conocen como Mochi (lo de la otra mitad te lo cuento después). Mochi viene de mochila, y es que... soy un mochilero empedernido, amante de la montaña, del mar y del submarinismo. Con tan solo 15 años tuve la suerte de empezar mi curriculum viajero en Canadá (empezando también mi infinita colección de Lonely Planet’s) y desde entonces no he parado. Soy una persona fácil, que se adapta a lo que le echen, que disfruta de lo simple y sobre todo de esos “imprevistos” con los que a veces la vida te sorprende. ¿Has leído el perfil de Alba? Entonces ya sabes de lo que te hablo... Quizá la culpa la tenga el número 7, por algo dicen que es el de la suerte. Los dos nacimos en 7 y nos conocimos en 7. ¿Casualidad? Seguramente de ahí nuestra “flor en el culo” al viajar, que aunque siempre nos pase de todo, conseguimos salir vivitos y coleando. 

La otra mitad de mis amigos me conoce como el Trip Advisor, el Gourmet, el chico Time Out o el Guía Mochilín (ya sabes, por lo de Mochi). Y es que a parte de viajar y echarle kilómetros al mapa, mi otra pasión es comer. Supongo que me viene de herencia, si vieras a mi padre... te darías cuenta, ya desde lejos, que hambre lo que se dice hambre, no pasa. Soy de esas personas que disfruta como un niño saboreando platillos y platacos, cocinas del mundo, pucheros de la abuela, tapas creativas y vanguardistas o tapas del Bar Pepe de toda la vida, menuses de 10€ y menuses degustación, de esos que duelen más en el bolsillo. En eso me parezco a Alba, ella acumula libretas llenas de anécdotas viajeras y yo acumulo reseñas y listas interminables de sitios dónde comer. 

Y es que el mundo de la gastronomía me fascina. Los que me conocen saben que cuando tengo delante de los morros un plato de esos de chuparse los dedos, no puede verbalizar otra cosa que “Buaaa” “Buuufff” o dos de mis adjetivos favoritos que suelo usar a menudo para todas esas cosas que me gustan de la vida: ESPECTACULAR y BESTIAL. Así, en mayúscula.

Aún sigo salivando cuando recuerdo mi experiencia culinaria en Australia. (Sí, otra de las locuras que me unen a Alba es que también decidí dejarlo todo para irme a vivir a Las Antípodas). En mi caso, cambié el traje y la oficina por un kimono y una bandeja para trabajar durante meses en uno de los restaurantes japoneses más “Top” de Brisbane. Allí aprendí cuatro palabras en japonés para defenderme y caer simpático a los asiduos de aquel templo de cocina nipona, y me enamoré de la cultura y el arte de su exquisita gastronomía.

Hasta aquí puedo leer. Alba no me deja contar todavía que estamos trabajando en una nueva sección culinaria para el blog que verá la luz muy pronto… (¡Shhhttt!). Mientras tanto, seguiremos siendo felices practicando nuestros dos deportes favoritos, que no son otros que viajar y comer.

 

Ya sabes lo que dicen, barriga llena, corazón contento.

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