ÉRASE UNA VEZ... CUENTOS VIAJEROS

Desde hace ya algún tiempo, los 18 de noviembre se han convertido en una fecha más que señalada en mi calendario. Hace un par de años decidí dejarlo todo para dar un salto que cambiaría por completo mi vida, pero sobre todo mi forma de verla, sentirla y entenderla. Siempre he creído en aquello de que a veces necesitamos un poco de sur para poder ver el norte, así que dije adiós a mi trabajo, a mi familia, a mis amigos y a Barcelona, y esta vez me fui más al sur que nunca… Australia me estaba llamando para vivir una de las aventuras más increíbles de mi existencia.

 

Y no sé si fue el “No worries mate” cada cinco segundos, lo de vivir tanto tiempo donde cristo perdió la alpargata (o “Down under” que suena más cool) o quizá que me tocó demasiado el sol en la cabeza al estar tan cerca del famoso agujero de la capa de ozono. Pero a parte de volver a reconectar con esa pasión por la escritura y quitarle por fin el polvo al blog que ya tenía, tropecé con una nueva filosofía de vida que desde entonces llevo pegada a mi piel.

 

Aprendí que "menos" es casi siempre "más", y que se puede vivir con muchísimo menos de lo que creemos o nos hacen creer. Me di cuenta de que el valor de una experiencia no es comparable al de cualquier otra cosa que puedas comprar en una tienda. Y comprendí que al final, ser libre significa poder invertir la mayor cantidad de tiempo posible en lo que te gusta, te hace feliz y te hace crecer como persona. Porque, al fin y al cabo... ¡Lo vivido es lo único que no podrán arrebatarte nunca!

 

El 18 de noviembre del año pasado, decidí interrumpir la magia australiana para embarcarme en el que sería uno de los viajes más especiales, espirituales y jodidamente improvisados (y perdón por la expresión) en mi carrera de trotamundos aficionada. La primera toma de contacto con el sudeste asiático. El primer monzón, la primera leche en moto, el primer tatuaje... Qué bonita la vida. Y qué bonitas las primeras veces.  

 

Un año después, vuelve a ser 18 de noviembre y como si de algún tipo de profecía se tratara, un nuevo camino se abre. Siempre he tenido la certeza de que todo pasa por alguna razón, así que hace algunos meses cuando me quedé sin trabajo de forma inesperada tras la vuelta de mis vacaciones en Marruecos, supe que era el momento de poner en marcha lo que hacía mucho tiempo llevaba cociéndose en mi cabeza.

 

Viajar y escribir siempre han sido mis dos pasiones, por eso tengo en casa cajones repletos de libretas llenas de historias que siempre he pensado que algún día merecerían salir a la luz. Pero sin duda alguna, ese viaje a Marruecos marcó un antes y un después. Recuerdo la vuelta desde Merzouga, en el Sáhara, hasta Marrakech el último día. Diez interminables horas por el desierto dentro de una furgoneta tercermundista en pleno agosto y sin aire acondicionado, sin música, sin batería en el móvil, llenos de picaduras extrañas y con un dolor de culo de montar a camello que ríete tú de Los Tres Reyes Magos. Ante tal inefable situación, andaba yo contemplando la infinidad de las dunas por la ventanilla y pensaba “Ufff...Qué pereza volver a la oficina pasado mañana... ¡Ojalá tuviera tiempo para poder escribir todo lo que hemos vivido estos días!”. Y ya sabes lo que dicen, cuidado con lo que deseas.

 

Al llegar a casa, no te voy a engañar. Lo primero que hice fue dormir tres días seguidos, comer algo que no fuera couscous y recuperarme de uno de los viajes más agotadores pero más gratificantes de mi legado como Dora la Exploradora. Luego necesité tres días más para asimilar que estaba a punto de crear mi propia web (¡Coño qué emoción!), y seguidamente casi dos meses enteros para pensar qué recórcholis de nombre le ponía. Lo que vino después ya lo sabes. Ahora queda por delante un gran trabajo de recopilación de todo lo viajado y lo vivido a lo largo de estos años y todo lo que está por venir, que con mucho cariño, amor y dedicación poco a poco iré compartiendo contigo.

 

Cuentos Viajeros llega al mundo como un espacio de miradas, sabores, olores, carcajadas, conversaciones, canciones, enamoramientos fugaces, pensamientos, reflexiones sin sentido, preguntas con menos sentido todavía, anécdotas e historias fascinantes e hilarantes de momentos y personas que una vez se cruzaron en mi camino a miles de kilómetros y no quisiera olvidar. Cuentos Viajeros nace como mi mayor hobbie y no es otra cosa que un cajón de recuerdos imborrables en forma de relatos, fotografías, videos y muchas otras secciones que están por llegar, cocinadas a fuego lento en distintos puntos del planeta que me gustaría compartir contigo.

 

¿Te apuntas al viaje?

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